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China 2011: Llegada a Beijing.

Miércoles, 31 de agosto de 2011. Son las 12 horas y ya estamos en China. Llegamos a la capital Beijing con unos minutos de adelanto, lo cual se agradece. Lo primero es pasar los controles de aduana y que nos sellen el pasaporte y la pequeña tarjeta de entrada que hemos rellenado, nos quedamos con una copia que la tenemos que devolver a nuestra salida del país. Nos dirigimos a recoger las maletas.




Nos recoge nuestra guía de Beijing, se llama Sara. Nos deja en el hotel, Jade Youth Hotel. Deshacemos las maletas y descansamos un poco. Sobre las 17 horas salimos, antes cambiamos algo de dinero en el hotel, el cambio esta muy bien 8,87 RMB  –>  1 €.



Cogemos un triciclo, medio de transporte típico de China. Aunque estamos cerca de la zona que vamos a visitar, queremos probar estos triciclos a pedales tirados por un señor mayor que nos mete por callejuelas hasta llegar al destino, Wangfujing.

En esta calle venden de todo, ropa, sombreros, calzado, joyas, diamantes, oro y joyas de plata, restaurantes, terrazas y pequeños vendedores que invaden esta zona comercial, sobre todo en la zona peatonal. Muchas luces decoran esta calle, ante una neblina o polución asoman estas luces llamativas que nos da la bienvenida al país.


Visitamos algunas tiendas, y nos vamos contagiando del ritmo de la calle, hasta que nuestro cuerpo nos recuerda el tute que llevamos hoy, así que paramos en una terraza a tomar un refrigerio. Y que mejor que adaptarse que probar su cerveza local, muy buena todo hay que decirlo.

Después nos introducimos en el mercado nocturno de Donghuamen, donde una puerta china muy bonita nos da la bienvenida. Podemos ver todo tipo de artículos y de comidas en estos puestos de este mercadillo, mucha gente y mucho ruido, ya que todos los vendedores gritan los nombres de sus productos para reclamar a los clientes, algunos usan un tipo de micrófono con un pequeño altavoz, que no veas como da el coñazo en los oídos.



También algunos sonidos son muy armonioso como la voz de este chico que cantaba desde la azotea del restaurante donde cenamos.


Paramos a cenar en uno de los restaurantes de este mercado, donde los únicos extranjeros éramos nosotros. Unos quince minutos necesitamos para preguntar si tenían tenedores, ya que los de plásticos se nos quedaron en el hotel, las prisas por salir. Nos sirven la comida, los dos primeros platos picaban que da gusto, las lagrimas me las bebía, después de unos intentos con los palillos llegaron los tenedores, que alivio.


Después de la cena nos volvimos al hotel a pie, primero paramos en una plaza donde mucha gente bailaba al ritmo de la música, todos al mismo ritmo una pasada, es su forma de hacer deporte. La siguiente parada es en otra plaza para tomar un helado antes de llegar al hotel. Se acaba este primer día en esta tierra, esto promete, nos leemos.