España

Viaje a Italia. Hacia Furore, Amalfi.

Sábado 19 de agosto de 2006. Nuestro décimo séptimo día en Italia.
Nos levantamos temprano hoy nos espera un día duro, tenemos que recorrer unos 472 km. Desayunamos en la habitación, y partimos hacia Amalfi (Furore). Salimos a las 7:24 horas, llegamos a Furore a las 13:00 horas tuvimos que hacer varias paradas, parar poner gasolina y descansar. Una vez localizado nuestro alojamiento, y dejados las maletas, nos vamos a almorzar. El restaurante esta muy cerca del Bed & Breakfast. Volvemos a la habitación a descansar un rato, antes de bajar para visitar Almafi. El lugar donde estamos alojados tiene un encanto maravilloso, el balcón de la habitación tiene vista al mar, y a todas las laderas que nos rodea. Por poner un parecido, nos recuerdan a los bancales de La Gomera. Que paz y armonía se respira en este lugar.




Ciudad de Amalfi .

Son las cinco y hemos decidido bajar hasta Almafi. Para llegar hasta la ciudad, capital de la costa Amalfitana, tenemos que pasar por un carretera sinuosa, donde las motos hacen adelantamientos que nunca he visto. En la misma puerta de la ciudad tenemos que pasar un pequeño túnel en el mismo risco. Después de pasar por una carretera estrecha, coches estacionados en cualquier lugar, hemos llegado a Amalfi. Estacionamos la máquina en un aparcamiento que hay dentro del mismo muelle, muy caro por cierto. Comenzamos la visita de la ciudad por su piaza Flavio Gioia, el duomo, del siglo XIII, dedicado a San Andrés. Impresionantes escalinatas tenemos que subir para llegar a dicha catedral. Seguimos paseando por sus calles estrechas de color blanco, visitando sus patios. Para acompañar el paseo que mejor que un helado. Los helados italianos son buenísimos. Nos dejamos llevar hasta llegar al muelle deportivo, donde podemos observar maravillosos veleros y yates. Volvemos hacia el centro de la ciudad en busca de un supermercado para comprar para el picoteo y la cena de esta noche en el balcón de nuestra habitación. Son la siete y volvemos hacia nuestro alojamiento.




Vista desde el balcón del B&B Le Marelle.

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